(probablemente era la única pendeja de esa edad que se preocupaba de escribir). Mi relación con la literatura siempre fue especial, recuerdo que a los once pedí un libro de 700 páginas (El código de Da Vinci) lo leí completo, de hecho lo entendí perfectamente. Aunque antes, las primeras cosas que comencé a leer fueron los típicos poemas, cuentos o textos que aparecen en los libros de lenguaje que regala el ministerio a los colegios, y así lentamente me hice una fanática, amaba los poemas de Bécquer y Neruda especialmente. Me sentía identificada con las historias de amores no correspondidos, con los sentimientos de soledad y tristeza.
A pesar que desde mis primeros escritos han pasado ocho años más o menos, nunca he dejado de escribir, sin embargo, siento que en ocasiones o periodos escribo muchísimo más (generalmente en periodos "conflictivos"), y otras también dejo al papel por meses.
Es tan fácil
A veces me gustaría tener todos mis escritos, releerlos con una mirada quizás más madura, solo quizás, ya que probablemente siento exactamente lo mismo que sentía en esos momentos. Pero no los tengo, me he desecho de absolutamente todo lo que he escrito, los he botado, recortado e incluso quemado. Ya que a pesar que la "discreción" del papel, esta se vería totalmente interrumpida si alguien la llegase a encontrar. No, no quiero que sepan lo que siento, no quiero que sepan que soy una estúpida y frágil mujer. Me gusta jugar el papel de la fuerte, de la que "no le entran balas", de la que nada le importa, de la que lo llora,





