sábado, 26 de febrero de 2011

Son cosas de la vida..

Y me recuerdo, siete años, miraba el horizonte y comenzaba a realizar mis primeras preguntas filosóficas, ¿Quién soy? ¿Qué hago acá?¿Cuál es mi misión el la vida?...Nunca encontraba respuestas demasiado convincentes y generalmente me sorprendía reprimiendo mis pensamientos, me encontraba rara, una pequeña niña rara, un bicho raro que en vez de jugar a las barbies pasaba horas mirando el techo y haciéndose cuestionamientos ilógicos, y ahora lo pienso y aún me pregunto ¿De qué sirve preguntarme ese tipo de cosas, si jamás encontraré la respuesta? No vale la pena, no.
Hay preguntas que solo que solo existen para confundirnos aún más, y no encontraremos jamás la respuesta, porque simplemente no existe una respuesta.

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