martes, 19 de julio de 2011

Papel

¿Cuándo comencé a escribir? diez años, nueve quizás, pero más allá del tiempo cronológico, pienso que comencé a escribir sencillamente comencé a sentir, cuando me vi en la necesidad de expresar de alguna manera lo que sentía, cuando no sabía a quien contarle mis sentimientos, cuando no encontraba a quien acudir,
(probablemente era la única pendeja de esa edad que se preocupaba de escribir). Mi relación con la literatura siempre fue especial, recuerdo que a los once pedí un libro de 700 páginas (El código de Da Vinci) lo leí completo, de hecho lo entendí perfectamente. Aunque antes, las primeras cosas que comencé a leer fueron los típicos poemas, cuentos o textos que aparecen en los libros de lenguaje que regala el ministerio a los colegios, y así lentamente me hice una fanática, amaba los poemas de Bécquer y Neruda especialmente. Me sentía identificada con las historias de amores no correspondidos, con los sentimientos de soledad y tristeza.
A pesar que desde mis primeros escritos han pasado ocho años más o menos, nunca he dejado de escribir, sin embargo, siento que en ocasiones o periodos escribo muchísimo más (generalmente en periodos "conflictivos"), y otras también dejo al papel por meses.
Es tan fácil vomitar palabras en un papel, al papel puedes contarle que mataste a cinco personas recién y que después te comiste sus órganos y no te dirá nada, no te mirara con cara de circunstancia, ni como un bicho raro. El papel es discreto, el papel no te juzga, el papel no siente.
A veces me gustaría tener todos mis escritos, releerlos con una mirada quizás más madura, solo quizás, ya que probablemente siento exactamente lo mismo que sentía en esos momentos. 
Pero no los tengo, me he desecho de absolutamente todo lo que he escrito, los he botado, recortado e incluso quemado. Ya que a pesar que la "discreción" del papel, esta se vería totalmente interrumpida si alguien la llegase a encontrar. No, no quiero que sepan lo que siento, no quiero que sepan que soy una estúpida y frágil mujer. Me gusta jugar el papel de la fuerte, de la que "no le entran balas", de la que nada le importa, de la que lo llora, de la que no siente. 

domingo, 15 de mayo de 2011

Me enamoré, estúpidamente...y es que acaso ¿Hay otra manera de enamorarse?

...Lo recordaba, a cada hora, a cada minuto, a cada instante. Su voz, su mirar, me parecían tan familiares, era como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Cuando me hablaba me olvidaba de todo y de todos, y solo quedaba en mi mente su dulce voz. Quería, necesitaba saber si él sentía lo mismo, no quería falsas ilusiones, ya no estoy para eso.
Quería acercarme pero no sabía como, tengo miedo, miedo a que me rechace, miedo a salir dañada, miedo a sufrir... Lo extrañaba, y quería que las horas avanzaran rápidamente hasta ese día, y que ahí mágicamente el tiempo se detuviera, y pudiese observarlo, sonreírle y hasta quizás hablarle.
Las mariposas en mi panza no se han dejado esperar, es como si todas bailaran, corrieran y saltaran dentro de mi.
Mi ilusión crece, y es que así soy yo, de emociones intensas, de sentimientos profundos...pero sinceros.

sábado, 26 de febrero de 2011

Son cosas de la vida..

Y me recuerdo, siete años, miraba el horizonte y comenzaba a realizar mis primeras preguntas filosóficas, ¿Quién soy? ¿Qué hago acá?¿Cuál es mi misión el la vida?...Nunca encontraba respuestas demasiado convincentes y generalmente me sorprendía reprimiendo mis pensamientos, me encontraba rara, una pequeña niña rara, un bicho raro que en vez de jugar a las barbies pasaba horas mirando el techo y haciéndose cuestionamientos ilógicos, y ahora lo pienso y aún me pregunto ¿De qué sirve preguntarme ese tipo de cosas, si jamás encontraré la respuesta? No vale la pena, no.
Hay preguntas que solo que solo existen para confundirnos aún más, y no encontraremos jamás la respuesta, porque simplemente no existe una respuesta.